Nací en 1985, pero los primeros recuerdos que tengo, los primeros recuerdos verdaderos, se remontan a mi primer colegio.
Hay otros recuerdos, esos recuerdos “falsos” que tenemos todos, después de ver nuestras fotos de críos. El primero de ellos corresponde a una foto, en la que salgo con un jersey rojo, un rastrillo en la mano, una sonrisa desdentada debajo de un pelo enmarañado, y un montón de arena al fondo… tengo que buscarla y la pondré aqui.
Volvamos a mis recuerdos “verdaderos”, lo primero que recuerdo es mi colegio, el primero. No tengo demasiados recuerdos precisos, no de un momento concreto, pero si que me acuerdo de muchas cosas en general. En primer lugar mi primer colegio era un colegio público, por aquel entonces, mis padres aún creían en las bondades de la enseñanza pública. Poco les duró.
Seguro que ese colegio tenía cosas buenas… no recuerdo mi paso por ahí como algo negativo en absoluto. Pero siempre me acordaré de ese recreo. Despues de cruzar la verja, a primeras horas de la mañana siempre se encontraban la arena del recreo aderezada con nuevos ornamentos: cosas que tiraban los vecinos desde sus balcones, jeringuillas… todo una maravilla. Es lo que tiene poner un recreo debajo de un montón de terrazas. Eso y que la gente que ahí vivía fueran unos guarros de cuidado.
Vamos a pasar directamente al primer trauma infantil. Cuando llegué a Hermanos Marx aún me gustaba el fútbol. Cuando salí, ya no.
¿Porqué? Bueno, la razón principal será que uno es un quejica… he estado muy enmadrado. Recuerdo a Rubén Gibanel, fué mi primer mejor amigo, y aún seguí viendolo de vez en cuando mucho tiempo después. Los dos Rubénes creiamos que habíamos inventado el tiro de tacón, eramos la versión de Oliver y Benji del colegio, aunque yo no recuerdo que se me diera excesivamente bien eso de darle patadas a un balón. Pues bien, un día me llevé un buen balonazo, y así, sin más ni más, dejé de jugar a fútbol. Cabezón que es uno. Primer recuerdo.
Cómo he mencionado antes, el colegio tenía una verja y un recreo con arena. Así me parece recordarlo. Puede que la verja fuera verde… no lo sé. La puerta de la verja creo que llevaba a un porche estrecho, debajo de los balcones del edificio. Recuerdo ese trozo cubierto, porque me suena jugar al juego de la silla ahí, en algúna fiesta. Se debían hacer bastantes fiestas, de las que estoy seguro es de las fiestas de despedida. Cada vez que se iba una promoción, al cumplir los 6 años, se les despedía con un regalo. Juraría que solían ser rotuladores… y siempre me parecía maravilloso. Es curioso con que poco se hace feliz a un crío.